He aqui la primera de las numerosas cartas incluidad en el Diario que van dirigidas a Diego Rivera, epístolas que ilustran el fuerte y duradero vínculo que los unía, a pesar de sus mutuas infidelidades y una breve separación. Probablemente, la artista mostró a su destinatario. El estilo resulta similar al de su famoso Retrato de Diego, texto incluido en un catálogo de la obra del pintor, realizado en 1949.

Los mensajes escritos de la artista son cartas de amor en toda regla, si bien muchos, como éste, delatan una insoportable angustia, una ansiedad inflamada por el deseo, una pena que sólo se aplaca con la presencia del ser amado. frida Kahlo profesaba por el pintos un amor tanto físico como p´siquico: su añoranza y devoción se sitúan en un plano místico y las cartas revelan, al tiempo que encubren, la poderosa unión que existía entre los dos.

Diego.
Verdad es, muy grande, que yo
no quisiera, ni hablar, ni dormir
ni oir, ni querer.
Sentirme encerrada, sin miedo
a la sangre, sin tiempo ni magia
dentro de tu gran angustia y
en el mismo ruido de tu corazon.
Toda ésta locura, si te la pidiera
yo se que sería, para tu silencio
sólo turbación.
Te pido violencia, en la sinrazón
y tú, me das las gracias, tu luz y
calor.
Pintarte quisiera, pero no hay colores
por haberlos tántos, en mi
confusión, la forma concreta
de mi gran amor.
F.
Hoy. Diego me besó.
Cada momento, él es mi niño
mi niño nacido, cada ratito
diario, de mi misma.

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